José Vidal
La razón de esta demora, que traería más tarde también tardanza en el recuento de votos que se prolongó hasta pasada la medianoche, fue, y en esto hay consenso, por la enorme complejidad de propuestas introducida por el llamado sistema sumatorio de listas.
La sumatoria de los cargos viene al lugar que clásicamente debían ocupar las alianzas y frentes electorales. Antes, cuando un candidato era favorito, distintos partidos discutían para proponer un programa conjunto y de esa manera el candidato surgía de ese acuerdo de fuerzas.
El proyecto de los partidos es el que surge de un colectivo, muchos o pocos, agrupan a un conjunto de personas que creen pensar lo mismo. Ese conjunto se conforma como una totalidad que puede nombrarse bajo un signo. "Peronistas", "radicales", "socialistas" son nombres que permiten la inscripción de un sujeto particular bajo ese signo y adherir a esa totalidad y representarse así bajo ese signo frente a otro. La definición de Lacan "el significante es lo que representa al sujeto para otro significante" viene a decir exactamente eso. Hay, por un momento, la ilusión de formar parte de una totalidad, que podemos llamar un Uno: somos Uno en tanto nos representamos con el mismo significante ante el Otro social.
La caída de esos significantes pulverizados por el capitalismo, caída advertida desde mucho tiempo atrás por Lacan y que Miller designa como pluralización de los S1, no nos había alcanzado todavía de una manera tan clara e impactante.
El S1, el significante que el partido representaba y que lo hacía capaz de combinarse con otras fuerzas en un frente, se atomiza, se fragmenta en tantos nombres como sujetos hay. Entonces, en lugar de los frentes o alianzas que podían representar cada uno a miles de sujetos, cada sujeto tiene que representarse a sí mismo. Una infinitización de los nombres que Miller llama el proceso de destotalización del discurso capitalista. La destotalización es el movimiento lógico que se deriva del continuo descompletamiento del Uno, de la totalidad y que es el efecto del rechazo a toda referencia propio del discurso capitalista cientista. Al no haber totalidades, al no haber los Unos, surge lo múltiple, lo fragmentario, lo disperso.
"Si el Otro no existe", se dice el ciudadano, "si no hay el Uno que represente al conjunto, entonces, perfectamente el Uno puedo ser yo"
Esto conduce a que sean decenas, cientos, miles los candidatos, Candidatos que no esperan contar con ninguna validación previa, en el sentido de tener alguna representatividad. Candidatos que se proponen solos o que se cuelgan de la imagen más o menos popular de los que van punteros en las encuestas. Cada candidato a gobernador tiene al menos seis listas distintas que proponen su imagen, a la que le adosan una cantidad de otros nombres sin ninguna coherencia ideológica o programática. Esto, que siempre pensamos como una calamidad, hoy sea tal vez el modo nuevo de hacer la política, el más útil, el pragmático.
La proliferación de listas y nombres se realiza en el cuarto oscuro que se torna un laberinto ininteligible para el votante que, aún advertido, tiene gran dificultad para orientarse.
Pero además, y esto es quizá lo central, cada votante piensa que él puede construir el gobierno individualmente, según su juicio personal cuando no a su capricho, sin contar para nada con el colectivo, sin contar con el debate previo de proyectos que reduzca la cantidad de ofertas a lo que las mayorías quieren. Cada votante cree ahora que puede construir su gobierno como un collage recortando las boletas con una tijerita.
El resultado es un desapego a cualquier proyecto común, a la idea de mayorías y minorías, un desapego incluso hasta de las corporaciones. Nada identifica al ciudadano más que los rostros sonrientes de los candidatos.
No se trata solo de la pluralización de los partidos, de los candidatos, de los nombres, sino que también los electores van cada uno por la suya. Es lo que Lacan llama el sujeto entronizado del discurso capitalista, un sujeto sin referencias empujado hacia un objeto insensato. El sujeto que va hacia un objeto que se le presenta como posible.
Obviamente, la insatisfacción se generaliza porque en esas elecciones nadie puede ganar, nadie puede ser representado porque el resultado, que es el de la mayoría, no reflejará jamás el recorte boletas que cada uno hizo.
La democracia existe en la medida en que nadie tiene la totalidad de la representación. Esto implica un ceder la pasión de cada uno para poder ser un ciudadano. Este principio, el de la democracia como sujeto de un discurso, excluye el goce particular.
la oferta del mercado actual que conduce esta fantasía de creación en el cuarto oscuro promete a cada elector la satisfacción del goce particular. Cuando eso no ocurre, el sujeto se siente estafado, quiere un resarcimiento.
El insulto, el agravio, la difamación, la ofensa, la denuncia de la decadencia de las instituciones encuentran allí un terreno fecundo.
La insatisfacción provocada por la imposibilidad de alcanzar el objeto retorna como odio y segregación.
El lado positivo de todo esto es que nos permite presenciar el nacimiento de un nuevo modo de hacer política que requiere permanentemente de innovación e invención ya que no hay un modo preestablecido de hacer las cosas.
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