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sábado, 7 de noviembre de 2009

No te me acerques bicho




José Vidal

El término alemán unheimlich, elevado a la categoría de concepto por Freud, designa el estado ominoso y angustiante que provoca aquello que, habiéndonos sido familiar, de pronto se torna ajeno, extraño.
La idea de la peste, de la epidemia, al menos en el cine, siempre tiene un componente unheimlich, ya que el agente causal del brote es un alien, un Otro, algo que viene de aquello que nos es más lejano, de África, de Asia, de otro planeta, de Sudamérica, de las aves, de los monos, de los chanchos, etc. pero que una vez que se instala transforma al vecino, a nuestro compañero, a nuestra esposa, al apestado, en el principal enemigo. Los afectados por la infección son aislados de los demás, entran en cuarentena y eso no se sabe cómo termina. Como es sabido que la manzana podrida puede echar a perder todo el cajón, la idea siempre es que mejor que se mueran los apestados para salvar al conjunto social.
A juzgar por la cantidad de películas que toman el  tema epidemia desde la década del cincuenta hasta hoy y que van desde El último hombre de la tierra, pasando por Doce Monos, Exterminio, Epidemia, hasta Resident Evil, por citar solo algunas, es evidente que nos gusta angustiarnos con la idea de la invasión de seres mortíferos que provocarán sobre todo una cantidad ilimitada de víctimas.
Para Canetti (Masa y poder), la supervivencia es un goce, una pasión, algo así como una pulsión incluso. Pero lo que él designa con esta idea no es el impulso a la autoconservación sino la satisfacción de seguir vivo cuando han muerto los otros. Y esta satisfacción es mayor mientras más grande es la cifra de los muertos. Es el goce del líder que lleva a su pueblo al estrago, por ejemplo.
En la mayoría de los filmes de epidemias se encuentran esos momentos, el ataque de lo extraño, generalmente de lo más ajeno a la supuesta civilización, que es algo que puede ser interpretado como el retorno de las pulsiones reprimidas, lo básico, lo instintivo, lo salvaje que viene a arrasar con el control racional de la cultura, como el retorno de lo real rechazado de lo simbólico. Luego sigue el exterminio masivo del tipo castigo divino sobre Sodoma y Gomorra que permite al espectador identificarse con el sobreviviente, que llega al paroxismo en Soy leyenda, donde toda la humanidad muere menos el protagonista. También es común el momento del contagio que transforma a los más cercanos en extraños, mutantes, enfermos que pierden su humanidad que desemboca en un “te quiero pero no te me acerques porque me podés contagiar” (siempre se parecen un poco a los vampiros que una vez contagiados hacen más vampiros, con lo que hay sumar las películas de vampiros y de invasores extraterrestres a nuestra lista)
Sobre ciertos fenómenos sanitarios, como las enfermedades infecciosas, el SIDA, el Dengue, la gripe, y otras, podemos ver cómo se monta lo que hoy es algo así como un reality show en el que se reproducen de modo hiperrealista las condiciones que ya probaron su eficacia en el cine. El televisor permite una amplificación del pánico jamás lograda por el cine. Las noticias, construidas sobre la base del show emotivo, libera una potencia ficcional que capta lo real. El fenómeno aumenta por las características del capitalismo tardío, su forma globalizada, que nos hace suponer que todo se extiende sin fronteras. Lo pandémico también es Internet, la economía, las migraciones. Sobre todo eso. Todos esos inmigrantes, refugiados del tercer mundo, queriendo traer sus pestes a los países sanos. El fondo racista en el que se asienta todo ese movimiento es fundamental y hay que hacer notar, como lo hace Foucault, que es eso lo que está en fondo del avance de la biopolítica en el mundo: el control social a través de la administración de los cuerpos, de la epidemiología, del cuidado de la salud.
Paul Virilio ha señalado cómo la ciudad es el lugar ideal para la guerra moderna. A partir de la segunda guerra mundial la guerra deja de estar en un frente de combate alejado para centrarse en las ciudades donde, por la gran aglomeración de gente, se puede causar la mayor cantidad de bajas en menos tiempo y costo. Las ciudades más grandes están hoy en las hipótesis de ataque de todo plan militar. Igualmente, son el objetivo de los ataques terroristas por la misma razón. De modo que el habitante de la ciudad está permanentemente bajo la amenaza de un ataque,  lo que crea ciertas condiciones propicias para el pánico.
Esas condiciones son ahora utilizadas por otros mecanismos de amenaza diferentes: las epidemias. Mientras mayor el número de personas mayor el anonimato y mayor la amenaza dado que cualquiera puede ser el enemigo que ya no está tras la frontera sino en el interior mismo de la sociedad listo para poner una bomba o para contagiarnos. El ómnibus se torna un lugar temible.
Se ha jugado también con la idea del terrorismo biológico como una posibilidad cercana, como nos hicieron creer con el ántrax: los residuos de la ciencia en manos inescrupulosas se tornan armas de exterminio. Exterminio que se asocia generalmente con la solución al conjunto ilimitado, el hormiguero, el panal de abejas, la micro zoopsia. El conjunto de animalitos temibles y a la vez indefensos.
El término alemán ungeziefer, utilizado por Kafka para designar en lo que se ha convertido Gregorio Samsa en La metamorfosis, puede traducirse como alimaña, cucaracha, pero probablemente lo más adecuado sea traducir simplemente como bicho. Ese mismo término, ungeziefer, según nos indica Ricardo Piglia, era el que usaban los nazis en los campos de exterminio para designar a sus prisioneros. Es decir que esa masa deshumanizada, convertida en bicho y que tiene por destino el pisotón que acaba con todos de un golpe, es algo que siempre resulta fascinante y eso es algo que conocen muy bien los laboratorios que venden las vacunas contra la gripe.
El psicoanálisis, por suerte, y algunas cosas más, nos permiten separarnos un poco de esa fascinación hipnótica del reality-catástrofe que nos ofrecen los medios y dar un curso un poco más feliz a la vida, por lo que preferiremos ir al cine a ver una de esas películas de epidemia antes que quedarnos viendo el último informe de la OMS por la tele.

Bibliografía

  • Freud, Sigmund. Lo ominoso, Obras Completas, vol. 17.  Amorrortu Editores, Bs As. 1979.
  • Canetti, Elias. El Sobreviviente, en Masa y Poder. Alianza Editorial, Bs.As. 2005
  • Foucault, Michel. Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber.  Siglo XXI Editores, 1976
  • Virilio, Paul. Ciudad Pánico. El afuera comienza aquí. Libros del Zorzal, Bs. As. 2006
  • Kafka, Franz. La metamorfosis.
  • Piglia, Ricardo. Respiración artificial. Editorial Pomaire, Bs.As.1980

Filmes
  • El último hombre de la tierra. EE.UU., 1972.Título original: The Omega Man. Dirección: Boris Sagal. con: Charlton Heston, Anthony Zerbe, Rosalind Cash
  • Soy leyenda, USA 2007. DIRECTOR Francis Lawrence, REPARTO Will Smith, Alice Braga, Salli Richardson-Whitfield,Willow Smith, Charlie Tahan
  • Epidemia. outbreak, USA 1995. Dir. Wolfgang Petersen. Con Duftin hoffman, Morgan Freeman, Rene Russo
  • Doce monos. USA, 1995. Dir. Ferry William. Con David Morse, Brad Pitt, Bruce Willis
  • Exterminio. 28 days later, Gran Bretaña, 2003. Dir. Danny Boyle, con Brendam Gleeson, Filian Murphy
  • El Huésped Maldito. Resident Evil, USA, 2002. Dir. Paul Anderson, con Milla Jovovich, Michelle Rodríguez





1 comentario:

  1. Interesante análisis. Me hace pensar también en cómo algunos medios como la televisión construyen la imagen de un "otro" que se diferencia de un "nosotros", que a su vez es un concepto con el que se se espera que el espectador se identifique. Generalmente, además, ese "nosotros" es designado habitualmente con el nombre genérico de "la gente", y en distintas emisiones se va perfilando a "la gente" como aquella que pertenece a un sector determinado de la sociedad y que comulga con una cultura en especial. Todo aquel que, como los inmigrantes -especialmente de países limítrofes- habitantes de villas, desocupados, trabajadores del sexo y otras comunidades marginales parecerían no participar de esa denominación de "gente". La "gente" es objeto de amenaza y constante peligro por parte de quienes no lo son, porque habitan esos márgenes que se muestran en cada reality con cámara abierta u oculta y que van señalando las prácticas de vida de quienes atentan -como si estuvieran afuera- contra la integridad de quienes se sienten (y creen) dentro del cuerpo social. Los que no son gente, ¿serán bichos?

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