Lacan ha llamado "discurso del amo" a los fenómenos de lenguaje que organizan lo
social. El discurso del amo busca que las cosas en el mundo marchen según un
orden determinado. Y es por ese imperativo de orden que le resulta adecuada la
escritura de la cadena significante: un S1 para un S2, una puesta en serie, una
secuencia de un significante tras el otro. Esto es algo que siempre resulta
tranquilizador respecto a lo caótico que le hace de fondo.
Primero un paso y luego otro. Uno, dos, uno, dos. He ahí una
marcha, como la de una tropa. Como la de un
caminito de hormigas que, al modo de una de las leyes de la Gestalt , la de la buena
línea, produce un efecto de sentido, es decir, produce en nosotros la idea de
que las cosas van naturalmente en una dirección y de que lo que se aparta de
esa dirección es anormal, desviado. Eso es algo de lo que se sufre. La gente
sufre de sentirse anormal.
Lacan nos indica que esto es una consecuencia de que
hablamos y que nuestra vida depende del modo en que habitamos el lenguaje. Al
hablar establecemos las coordenadas éticas que van a regir nuestros actos y
nuestro modo de vida.
El discurso del amo, que indica esta marcha de las cosas la
sociedad, se inscribe, se realiza y se hace eficaz en el inconsciente. Se nos
hace carne durante nuestra vida familiar y en los primeros contactos sociales y
desde el inconsciente nos indica cómo es que se deben hacer las cosas. Por eso
es que podemos pensar, como dice Miller, que el inconsciente es la política. El
inconsciente es el modo de cada uno de encajar en la comunidad y sus exigencias
a la vez que es el modo con que cada uno crea la sociedad.
Es a partir de que existe la represión que existe la
sociedad y no a la inversa, como lo señala Lacan en "Televisión". Es
la interdicción del goce la que inaugura la compleja trama de las relaciones
sociales y éstas son la búsqueda incansable de una solución a esa inadecuación
entre las exigencias de lo social y las de lo individual. El discurso del amo,
si se quiere, es una solución. Indica el modo en que se debe gozar sin chocar
demasiado con el Otro y, aunque de modo imperfecto, brinda un modelo.
Ahora bien, la experiencia, y no solo la experiencia
psicoanalítica, sino toda la experiencia de lo social, nos confronta con que
esa esperada y natural marcha de las cosas no es fluida. Enseguida surge el
obstáculo, lo que hace escollo, el impedimento y la inhibición. A esto
Lacan, en "La tercera", lo llama lo real
Lo real, en esta perspectiva anudado al síntoma, es un
tropiezo. Pone trabas a la marcha natural del discurso del amo y muestra que
existe, subyacente a las mejores intenciones sociales, el goce íntimo, no
compartido, del sujeto. Y esto singular del goce se opone y hace obstáculo al
“para todos” que está en el horizonte de los ideales sociales.
Miller ha evocado un poema de Carlos Drummond de Andrada (1), el de una piedra en el camino,
para mostrar cómo en la supuesta fluidez de un destino trazado surge el
tropiezo, la piedra que nos hace caer. Pero lo
que él pone en valor es que esa piedra con la que tropieza y que encuentra en el camino, es más propia del
sujeto que del camino mismo. El tropiezo se
produce siempre con la misma piedra y esa piedra no le pertenece más a nadie que al que se topa con ella.
Ese real que se pone en cruz con el destino es impredecible
en su emergencia. Sorprende. Un desvanecimiento histérico en el aula, un ataque
de pánico en la empresa, una impotencia en la noche de bodas. Pero también la
pincelada genial en el taller de pintura infantil, la habilidad inusual para el
manejo del dinero, el estilo inimitable en un breve artículo, una capacidad
para el mando en una emergencia, trazos que hacen rulo y nudo en la buena línea del sentido.
La contingencia se encuentra en ese lugar, en el de aquello
que puede o no ocurrir y que no se corresponde con el orden significante del
amo. Por el contrario lo real que surge allí resulta disruptivo para el
sentido, y en todo caso, inaugura un sentido nuevo.
Mientras que el discurso del amo trata de eliminar esos
síntomas y esas trazas singulares, de alisar la superficie de la experiencia
humana para volverla más homogénea y regular, el psicoanálisis se detiene
particularmente en ese relieve, en esa contingencia en la que encuentra lo que
es único del sujeto. Es lo que se llama una clínica de la contingencia en la
que lo inesperado, lo sorpresivo y lo dispar son el punto de apoyo para ir al
encuentro de una novedad.
¿Hay acaso algo más contingente que la interpretación
analítica, que lo efectos de verdad que de ella resultan? Encuentro entre el
discurso del sujeto y una palabra que busca una ruptura entre el S1 y el S2,
entre un paso y el otro, que aísla un significante, que interroga si es posible
otra secuencia, un sentido nuevo y con ello una vida diferente.
El tropiezo, la falla, la contingencia en el discurso del
amo muestran que el mal encuentro entre las personas no es la excepción sino lo
regular.
Para Lacan es porque la relación sexual no existe. Punto de
imposibilidad, falla fundamental en torno a la cual surge la experiencia
humana. Todo lo que se arma en torno a ella es necesario para calmar la
angustia que provoca.
Lo contingente es que, a partir de reconducir esa angustia
al significante que le dio origen pueda surgir algo nuevo.
(1)En mitad del camino había una piedra...
Carlos Drummond de Andrada
En mitad del camino había una piedra
había una piedra en la mitad del camino
había una piedra
en la mitad del camino había una piedra.
Nunca olvidaré la ocasión
nunca tanto tiempo como mis ojos cansados permanezcan abiertos.
Nunca olvidaré que en la mitad del camino
había una piedra
había una piedra en la mitad del camino
en la mitad del camino había una piedra.
No meio do caminho tinha uma pedra
tinha uma pedra no meio do caminho
tinha uma pedra
no meio do caminho tinha uma pedra.
Nunca me esquecerei desse acontecimento
na vida de minhas retinas tão fatigadas.
Nunca me esquecerei que no meio do caminho
tinha uma pedra
tinha uma pedra no meio do caminho
no meio do caminho tinha uma pedra.
Carlos Drummond de Andrada
En mitad del camino había una piedra
había una piedra en la mitad del camino
había una piedra
en la mitad del camino había una piedra.
Nunca olvidaré la ocasión
nunca tanto tiempo como mis ojos cansados permanezcan abiertos.
Nunca olvidaré que en la mitad del camino
había una piedra
había una piedra en la mitad del camino
en la mitad del camino había una piedra.
No meio do caminho tinha uma pedra
tinha uma pedra no meio do caminho
tinha uma pedra
no meio do caminho tinha uma pedra.
Nunca me esquecerei desse acontecimento
na vida de minhas retinas tão fatigadas.
Nunca me esquecerei que no meio do caminho
tinha uma pedra
tinha uma pedra no meio do caminho
no meio do caminho tinha uma pedra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario