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lunes, 29 de marzo de 2010

La marcha y el tropiezo





José Vidal

Lacan ha llamado "discurso del amo" a los  fenómenos de lenguaje que organizan lo social. El discurso del amo busca que las cosas en el mundo marchen según un orden determinado. Y es por ese imperativo de orden que le resulta adecuada la escritura de la cadena significante: un S1 para un S2, una puesta en serie, una secuencia de un significante tras el otro. Esto es algo que siempre resulta tranquilizador respecto a lo caótico que le hace de fondo.
Primero un paso y luego otro. Uno, dos, uno, dos. He ahí una marcha, como la de una tropa. Como la de un  caminito de hormigas que, al modo de una de las leyes de la Gestalt, la de la buena línea, produce un efecto de sentido, es decir, produce en nosotros la idea de que las cosas van naturalmente en una dirección y de que lo que se aparta de esa dirección es anormal, desviado. Eso es algo de lo que se sufre. La gente sufre de sentirse anormal.
Lacan nos indica que esto es una consecuencia de que hablamos y que nuestra vida depende del modo en que habitamos el lenguaje. Al hablar establecemos las coordenadas éticas que van a regir nuestros actos y nuestro modo de vida.
El discurso del amo, que indica esta marcha de las cosas la sociedad, se inscribe, se realiza y se hace eficaz en el inconsciente. Se nos hace carne durante nuestra vida familiar y en los primeros contactos sociales y desde el inconsciente nos indica cómo es que se deben hacer las cosas. Por eso es que podemos pensar, como dice Miller, que el inconsciente es la política. El inconsciente es el modo de cada uno de encajar en la comunidad y sus exigencias a la vez que es el modo con que cada uno crea la sociedad.
Es a partir de que existe la represión que existe la sociedad y no a la inversa, como lo señala Lacan en "Televisión". Es la interdicción del goce la que inaugura la compleja trama de las relaciones sociales y éstas son la búsqueda incansable de una solución a esa inadecuación entre las exigencias de lo social y las de lo individual. El discurso del amo, si se quiere, es una solución. Indica el modo en que se debe gozar sin chocar demasiado con el Otro y, aunque de modo imperfecto, brinda un modelo.
Ahora bien, la experiencia, y no solo la experiencia psicoanalítica, sino toda la experiencia de lo social, nos confronta con que esa esperada y natural marcha de las cosas no es fluida. Enseguida surge el obstáculo, lo que hace escollo, el impedimento y la inhibición. A esto Lacan, en "La tercera", lo llama lo real
Lo real, en esta perspectiva anudado al síntoma, es un tropiezo. Pone trabas a la marcha natural del discurso del amo y muestra que existe, subyacente a las mejores intenciones sociales, el goce íntimo, no compartido, del sujeto. Y esto singular del goce se opone y hace obstáculo al “para todos” que está en el horizonte de los ideales sociales.
Miller ha evocado un poema de Carlos Drummond de Andrada (1), el de una piedra en el camino, para mostrar cómo en la supuesta fluidez de un destino trazado surge el tropiezo, la piedra que nos hace caer. Pero lo  que él pone en valor es que esa piedra con la que tropieza y que encuentra en el camino, es más propia del sujeto que del camino mismo. El tropiezo se produce siempre con la misma piedra y esa piedra no le pertenece más  a nadie que al que se topa con ella.
Ese real que se pone en cruz con el destino es impredecible en su emergencia. Sorprende. Un desvanecimiento histérico en el aula, un ataque de pánico en la empresa, una impotencia en la noche de bodas. Pero también la pincelada genial en el taller de pintura infantil, la habilidad inusual para el manejo del dinero, el estilo inimitable en un breve artículo, una capacidad para el mando en una emergencia, trazos que hacen rulo y nudo en la buena línea del sentido.
La contingencia se encuentra en ese lugar, en el de aquello que puede o no ocurrir y que no se corresponde con el orden significante del amo. Por el contrario lo real que surge allí resulta disruptivo para el sentido, y en todo caso, inaugura un sentido nuevo.
Mientras que el discurso del amo trata de eliminar esos síntomas y esas trazas singulares, de alisar la superficie de la experiencia humana para volverla más homogénea y regular, el psicoanálisis se detiene particularmente en ese relieve, en esa contingencia en la que encuentra lo que es único del sujeto. Es lo que se llama una clínica de la contingencia en la que lo inesperado, lo sorpresivo y lo dispar son el punto de apoyo para ir al encuentro de una novedad.
¿Hay acaso algo más contingente que la interpretación analítica, que lo efectos de verdad que de ella resultan? Encuentro entre el discurso del sujeto y una palabra que busca una ruptura entre el S1 y el S2, entre un paso y el otro, que aísla un significante, que interroga si es posible otra secuencia, un sentido nuevo y con ello una vida diferente.
El tropiezo, la falla, la contingencia en el discurso del amo muestran que el mal encuentro entre las personas no es la excepción sino lo regular.
Para Lacan es porque la relación sexual no existe. Punto de imposibilidad, falla fundamental en torno a la cual surge la experiencia humana. Todo lo que se arma en torno a ella es necesario para calmar la angustia que provoca.
Lo contingente es que, a partir de reconducir esa angustia al significante que le dio origen pueda surgir algo nuevo.

(1)En mitad del camino había una piedra...
Carlos Drummond de Andrada

En mitad del camino había una piedra
había una piedra en la mitad del camino
había una piedra
en la mitad del camino había una piedra.

Nunca olvidaré la ocasión
nunca tanto tiempo como mis ojos cansados permanezcan abiertos.

Nunca olvidaré que en la mitad del camino
había una piedra
había una piedra en la mitad del camino
en la mitad del camino había una piedra.



No meio do caminho tinha uma pedra
tinha uma pedra no meio do caminho
tinha uma pedra
no meio do caminho tinha uma pedra.

Nunca me esquecerei desse acontecimento
na vida de minhas retinas tão fatigadas.
Nunca me esquecerei que no meio do caminho
tinha uma pedra
tinha uma pedra no meio do caminho
no meio do caminho tinha uma pedra.

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