Seminario "Lo que puede ser semblante" Departamento de Psicoanálisis y Política del CIEC
El objeto como semblante
(en torno al film “Una vida iluminada”)
(en torno al film “Una vida iluminada”)
Por José Vidal
1- Los semblantes mayores
Luego de nuestro seminario 2009, Lo que puede ser semblante, nos ha sido necesario precisar algunos puntos que surgieron de las exposiciones que escuchamos allí.
Lo primero a destacar es que hay una reducción posible, una reducción al mínimo de lo que son los semblantes en general a lo que podríamos llamar, tomando una expresión que encontramos en Miller[1], los semblantes mayores, es decir, que el conjunto de los semblantes que encontramos en la experiencia del psicoanálisis encuentran su mínimo en tres de los que los demás son variantes, el padre, el falo y el objeto. Semblantes que surgen ineludiblemente en la experiencia analítica como velo de lo real.
De este modo pensamos que tres películas podían ilustrar estos temas tan complejos ya que, como lo dice Freud, el arte siempre se anticipa al psicoanálisis, y las películas forman hoy un tipo de narración en el que se refleja bastante bien los que es el modo social de tratar ciertos temas. Las películas van estableciendo una estética, y una cierta narrativa que es muy indicativa de lo que es la civilización, de qué está hecha, como es el sentir, y el gozar posible dentro de la civilización. El cine resulta así performativo porque va diciendo cosas que mas tarde se nos harán aceptables, se nos harán pensables o incluso posibles porque el cine nos las anticipó y nos hizo integrarlas, fue haciendo trazos en las profundidades del gusto. No podemos calcular cuánto le debe Obama a Morgan Freeman, Christ Rock, y otros presidentes negros soñados por el cine o en cuánto le deben las compañías farmacéuticas que con la gripe A cosecharon fortunas a Resident Evil, Epidemia y tantas otras películas de pestes.
Esta, las profundidades del gusto, es una expresión que Lacan[2] toma de Kant, y se refiere al modo en que, más allá de nuestro juicio íntimo, hay un modo de colectivizar, de hacer común el gusto por ciertas cosas. En esas profundidades se van trazando surcos que hacen que lo que era inaceptable en un momento, repugnante, se nos haga más tarde bello o bueno.
Esta, las profundidades del gusto, es una expresión que Lacan[2] toma de Kant, y se refiere al modo en que, más allá de nuestro juicio íntimo, hay un modo de colectivizar, de hacer común el gusto por ciertas cosas. En esas profundidades se van trazando surcos que hacen que lo que era inaceptable en un momento, repugnante, se nos haga más tarde bello o bueno.
Nuestro interés por los semblantes es desde un departamento del CIEC que se llama de Psicoanálisis y Política (DPP) desde el que pudimos apreciar, especialmente desde los conflictos sociales que se suscitaron el año 2008, que hay una serie de semblantes que decaen mientras que otros nuevos pueden ser utilizados en la política. Pudimos apreciar que el personaje Ministro de economía pasaba al olvido luego de décadas en que se consideraba fundamental y que el significante Campo, de pronto tomaba una prevalencia inédita en lo social. Pero observamos también que no en cualquier oportunidad y tampoco cualquier significante puede ser semblante. Hay que contar con ciertas condiciones para que algo tenga utilidad como velo de lo real y permita, porque eso es lo que hacen los semblantes, cierto dominio, cierto modo de administrar lo real.
2- Crisis de representación
En lo contemporáneo se verifica una crisis de la representación. Si la idea de representación está en la base de la política en las democracias liberales capitalistas, la creencia de que el sujeto puede estar representado por los que gobiernan, por las instituciones públicas, por los líderes, y también que puede estar representado por los medios de comunicación que mostrarían lo que el sujeto dice o necesita, bien, esta idea de representación está en crisis.
Si pensamos la representación en los términos en que lo hace Lacan, un significante representa a un sujeto para otro significante, entendemos enseguida que la representación está en la base de un orden de sentido, una cadena significante en la que una persona encuentra una identidad en la medida en que se imagina que hay un orden de sentido en el que puede colgarse. Es una necesidad humana estar en el orden del sentido y la función de la política es justamente dar sentido para que los sujetos puedan sentirse representados por ese sentido.
Yo nunca me metí en política, yo siempre fui peronista, una frase del Gatica de Fabio, expresa muy bien lo que es modo de representación por una cadena de sentido, por un discurso. El peronismo como discurso, como articulación significante ha permitido a miles de personas integrarse en ese discurso sin que eso requiriera del sujeto una toma de conciencia de su actividad política como tal. Es un modo hermoso de decir la frase de Miller, el inconsciente es la política, es decir que la pertenencia al peronismo como una identidad es absolutamente inconsciente para el sujeto. Puede ser peronista porque eso se liga bien al padre, al edipo, al inconsciente como tal.
La idea de representación tiene una tradición que es fundante en occidente ya que la podemos rastrear hasta Platón. La Idea platónica implica la copia que la representa lo mejor posible a la verdad y, como dice Deleuze[3], la tarea del platonismo es la de garantizar el buen linaje, seleccionar las buenas copias y mantener excluidas las falsas copias, los simulacros.
Pero la crisis de la representación que se nos presenta en la época, crisis a la que no podemos de dejar de mencionar el papel central que en ella ocupa la ciencia en tanto su acción es la de desnudar los semblantes, de mostrar lo que está por debajo del fenómeno, de la apariencia, hace que los semblantes se muestren todos como un poco falsos. No habría ya las buenas copias y por otro lado los simulacros, los que no tendrían más que una relación de imagen con el original, pero no de semejanza, sino que habría una pérdida de lazos con la verdad. La ciencia moderna no tiene una relación a la verdad sino a la coherencia lógica, a la sustentabilidad de determinada combinatoria de los significantes que permitan captar lo real. La verdad, así separada de lo real, se torna también un semblante. De ese modo, al romper los lazos con la verdad, la ciencia hace que se desconfíe de todos los semblantes, o que todos los semblantes pasen a ser falsos semblantes, que todo la aparente pase a ser falsa apariencia.
3- Litoral
De regreso de un viaje a Japón, Lacan puede observar los surcos que el agua aluvional deja sobre la estepa siberiana. Desde el avión puede ver nada más que marcas que el agua de las nubes al caer deja sobre esa superficie por lo de más homogénea y lisa, carente totalmente de marcas ya que es un desierto.
Y es gracias a esta visión y al hecho de haber estado en Japón, ya que esto no lo vio en el viaje de ida sino al regresar, luego de haber tomado contacto con la cultura japonesa donde quedó impresionado por la relación del arte japonés con la escritura y más especialmente con la caligrafía, que Lacan puede ver la relación entre el significante y la escritura, cómo en la caligrafía hay algo del movimiento del trazo, que no se aprecia tan bien en la escritura cursiva. Hay algo del trazo en el que se aprecia la captura de algo que no es del orden del sentido. La literatura no es el sentido, no es el orden significante, sino que se trata del goce, en lo real de la captura de un goce que no está en las palabras. Sin embargo, hay algo que depende de las palabras pero que es de otro orden.
Entonces él imagina una metáfora, que si las nubes son los significantes, la lluvia, la lluvia de significantes sobre la superficie indiferente del cuerpo puede producir marcas, hacer un borde, relieves, como los que él podía ver desde el avión, que son los rasgos singulares que más tarde el llamará el sinthome.
Esos rasgos describen un litoral, el conjunto de esos trazos que hacen una frontera, una orilla o un borde en la que se mete la tierra en el agua pero también el agua en al tierra.
4- Acontecimiento de cuerpo
En este punto nos pareció que la película una vida iluminada, o como lo expresa su título original, las cosas estas iluminadas, nos podía proponer una mirada sobre todo esto que estamos queriendo atrapar.
Porque lo que nos presenta es que hay un límite para la representación, que hay ciertas experiencias a las que nos enfrentamos de las que no podemos decir nada, donde el lenguaje y el campo del significante no alcanzan, porque eso se resiste a la simbolización. Y en esas experiencias en las que el significante no comparece el cuerpo la vivencia y las registra con un afecto. La angustia, privilegiadamente, señala que hay algo allí que escapa a la simbolización pero que por eso justamente hace una marca.
Podemos llamar a eso un acontecimiento, como dice Lacan una acontecimiento de cuerpo, con lo que explica que hay una forma en que un hecho, eso que reconocemos como el trauma, un trauma se asocia a un significante y deja una marca que no es de sentido, sino que es una marca a nivel del cuerpo que podríamos decir que es el único punto donde lo real y el sentido se articulan. Y de alguna manera podríamos decir que por fuera de esta singular articulación no hay nada, no hay otra experiencia que la del sentido y el sentido se articula en torno a este litoral donde se limita de manera difusa el saber y lo real. Por fuera de eso sería el autismo psicótico, o el suicidio. Es decir que el trauma como tal tiene un carácter organizador de lo real para hacer la vida soportable.
5- Las pulsiones y sus destinos
Lo que Freud pudo articular como la serie de las pulsiones, esos puntos donde la libido queda fijada en ciertas zonas erógenas y que permiten la definición de ciertos objetos, oral, anal, fálico, serie a la que Lacan agregará la mirada y la voz tiene ese carácter de irrupción de lo real en la experiencia subjetiva y que dejarán unas marcas duraderas. Lo que en el seminario de la angustia Lacan nos permite ver es que esos objetos surgen justamente de esos acontecimientos de cuerpo en los cuales un objeto, que es originalmente del cuerpo propio, pasa al campo del otro, y ya no pude distinguirse si pertenece al sujeto o al otro, pero que a partir de allí, la pulsión deberá ir en busca del otro para alcanzar su satisfacción, siempre por medio de un rodeo.
Es importante la deuda que Lacan tiene con Winnicott a quien le reconoce haber descubierto ese carácter transicional del objeto[4]. El objeto se aísla como un elemento que viene a reemplazar no tanto a la madre como a la ausencia de la madre. Una suerte de for-da donde la dupla presencia ausencia y la angustia que la ausencia del otro produce es reemplazada por un objeto: un torcito de tela, un chupete, la punta de un pañal y le permite al sujeto obturar un vacío y a la vez llevar una vida independiente del otro, organizando en torno a ese objeto su futuro de separación. Los objetos se tornan así intercambiables, entran en el campo de lo que si bien puede tenerse también puede ser cedido, entregado al campo del otro.
6- La película
Una vida iluminada[5], de Liev Schreiber, es una película extraordinaria porque reúne cuestiones que hacen tanto a la experiencia de la política en la época que nos toca vivir, en este sentido de la crisis de la representación como a la experiencia íntima del sujeto. La referencia política a la memoria, al registro de las experiencias traumáticas tiene un tratamiento que permite visualizar de manera impactante cómo respecto a ciertos experiencias no hay manera de transmitirlas, donde el testimonio de los testigos no haría más que poner en evidencia el carácter de ficción de ese testimonio, del relato, que no hace más que intentar infructuosamente relevar algo de esa experiencia inefable.
Entonces, en el límite de la simbolización, en el límite de la representación, el sujeto se encuentra con un objeto que puede actuar como un condensador de ese goce que de otro modo no podría encontrar su lugar y retenerlo. Sin esto lo que quedaría sería el derrumbamiento total del sentido. Y lo guarda en una bolsita ziploc a la que pega en la pared. Como si hubiera la necesidad de fijar a un objeto la experiencia del goce para evitar de ese modo una caída de todo sentido y con ello la imposibilidad de seguir viviendo.
El mundo, como tal, debe ser entendido como el sentido que el mundo tiene para cada unos de nosotros. y el sentido que el mundo tienen es un orden de discurso que excluye ciertas cosas, que mantiene aparte algunas cosas, pero que a la vez se sostiene de ellas, el mundo se sostiene de lo que no es el mundo, se sostiene de lo in-mundo, esa expresión de Lacan que hace eco son lo que es desecho, con lo que es el resto, el excremento, la basura. De allí que ese objeto tiene algo de repugnante ya que es algo que pertenece al sujeto pero que no está para ser comunicado, no representa nada para nadie, sino que se mantiene inerte y permanente en la intimidad.
De ese excedente que cae como resto, de lo in-mundo, se sostiene el mundo en términos de sentido. Así tenemos que entender lo que Lacan plantea e el seminario 22, RSI, cuando plantea que lo real es lo que segrega el sentido. Lo que segrega como dejar aparte, pero también como lo que surge, lo que segrega como segrega una glándula su producto. Lo real y el sentido tienen así un matrimonio indisoluble.
Hay la idea en "Una vida iluminada" de un sujeto que colecciona. Pero tiene una diferencia importante con el coleccionista habitual ya que el coleccionista intenta dar una seriación, un sentido coherente, una cronología que cubra la imposibilidad de lo real.
La forma más importante de la colección hoy en día es el museo.
El museo se ha tornado el templo de la religión capitalista donde las multitudes pueden visitar, como en una ceremonia, las colecciones de objetos sacralizadios, de lass cosas apartadas del uso humano como lo plantea Georgio Agamben[6], religión en la que los objetos sagrados quedan apartados sin posibilidad de regreso, que son organizados como una serie con sentido. Tienen sus fechas, su orden, su lógica. Todos los objetos del Louvre parecen tener una orden, dar un sentido al progreso de la civilización y el sujeto puede sentirse incluido en ese sentido y por lo tanto sentirse civilizado, o incivilizado si es de por acá.
Pero hay el caso de colecciones que no tienen sentido. Es el caso del conocido museo Rocsen de Nono en las sierras de Córdoba, donde se exhiben miles de objetos de diferente naturaleza sin que nadie pueda decir de qué se trata eso. La visita desconcierta pero termina por producir un cierto placer.
Hay que reconocer que, en rigor, mucho de eso que hay allí podría haber sido basura en otro contexto. De hecho es la sensación asco que producen esas colecciones espontáneas que tienen las donaciones a la difunta Correa o a la virgen de Luján: un yeso, una muleta, una medalla...en fin, restos depositados allí no por lo que significan sino como testimonios materiales de un acontecimiento del cuerpo.
Es ilustrativa la experiencia del esquizofrénico que reúne en un atadito, en una bolsita de plástico o en un bolso, un conjunto de elementos heterogéneos más próximos a los desperdicios que a otra cosa, a veces papeles viejos, otras una botella vacía, una naranja, dos o tres elementos de plástico o metal, pero siempre una serie discontinua que no permite descifrar un sentido pero que son un intento de atrapar, de atar, de ceñir un mundo que tiende a deshilacharse, a descomponerse.
Como si la función del objeto, tornado un equivalente del significante, fuera la de anclar la nave de la existencia para que no naufrague, que no quede a la deriva.
Los objetos están así iluminados, pero a la vez iluminan y dan cuenta de una experiencia de otro modo intransmisible.
[1] Miller, Jacques-Alain. De la Naturaleza de los semblantes. Paidós. Bs.As.
[2] Lacan, Jacques. Escritos. Kant con Sade. SigloXXI
[3] Deleuze, Giles. El simulacro en la Grecia antigua. Lógicas del sentido.
[4] Lacan, Jacques. El Seminario 10. La Angustia.
[5]Everything is Illuminated. Dirección: Liev Schreiber. Con: Elijah Wood, Eugene Hutz, Boris Leskin, Laryssa Lauret. USA, 2005

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